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David Munuera Navarro
La tradicional ausencia de una facultad de Humanidades en Cartagena, además
de otras peculiaridades sociales propias de la ciudad portuaria, ha llevado
a que, salvo excepciones, hasta hace aproximadamente algo menos de un
cuarto de siglo, los estudios sobre la Historia de Cartagena en general,
y acerca de sus fortificaciones en particular, han sido realizados por
eruditos locales sin una formación científica específica.
Sin desmerecer la inmensa e insustituible labor heurística, intelectual
y divulgativa de estos cartageneros ilustrados, el panorama ha cambiado
radicalmente en los últimos decenios. En la actualidad contamos
con historiadores y arqueólogos cartageneros de reconocido prestigio
sólidamente formados, principalmente en la Universidad de Murcia,
que sin embargo han centrado su labor científica y profesional
en el conocimiento de la Historia de Cartagena. Son los que nos acercan
nuestro pasado, los que nos explican los constantes porqués de
la ciudad portuaria.
Y esta es precisamente la excusa para publicar un interesante documento
emitido por un ingeniero militar en el último tercio del siglo
XVII. Si bien no es inédito, su conocimiento ha llegado hasta nosotros
tamizado y diluido en diversos textos referentes a las fortificaciones
urbanas de Cartagena, por lo que en esta ocasión se ha realizado
una transcripción íntegra del documento, que puede y pretende
ser útil en posteriores análisis. Especialmente provechoso
puede ser a los arqueólogos que, día a día, nos revelan
la historia local a través del contenido del subsuelo urbano. Como
le he escuchado a veces al profesor Torres Fontes, la Historia no es el
documento, pero sin el documento no hay Historia; sabia reflexión
que ha llevado a la imprescindible inclusión de un estudio previo
muy general, que pretende enmarcar las letras del ingeniero en su contexto
histórico y geográfico.
Las inmensas obras del siglo XVIII transformaron del todo la ciudad, por
lo que la urbe gestada en tiempos de los Austrias prácticamente
desapareció bajo la nueva población. Estos y otros motivos
convierten a la fortificación urbana de Cartagena durante los siglos
XVI y XVII en un testimonio arqueológico por lo general mal conocido;
el informe de Possi --emitido en la segunda mitad del Seiscientos-- revela
un amurallamiento gestado ya durante la primera mitad del Quinientos,
que se mantuvo en uso --con ligeras variantes y finales ampliaciones--
hasta los años setenta del Setecientos, por lo que nos muestra
buena parte de la historia moderna de la ciudad portuaria. La intención
de este artículo es paliar, en un modestísimo grado, ciertas
lagunas en la estratigrafía urbana, así como facilitar,
en un ámbito amplio, el estudio de las fortificaciones, el análisis
de los sistemas constructivos, de los elementos en los conjuntos abaluartados,
de los efectos de la muralla en el trazado urbano, en la sociedad del
momento, etc; de una larga lista de disciplinas relacionadas con la documentación
histórica. Porque evitar atropellos urbanísticos en Cartagena
resulta una misión imposible.
Y todo esto se ve facilitado gracias a la ayuda de las nuevas tecnologías,
como es la publicación en internet --que permite una difusión
mucho más amplia que la tradicional--, o la viabilidad de ilustrar
los textos con sus propios planos y dibujos históricos a color
(limpios y sin rotular).
La ciudad de los Austrias
Con la reincorporación de la ciudad al patrimonio
real --tras casi cuatro décadas en manos de los Fajardo--, Cartagena
se convirtió a comienzos del siglo XVI en uno de los puntales militares
de la Monarquía Hispánica en el Mediterráneo1
; dejando así de tener un papel marginal en las maniobras políticas
de Castilla2.
Las diferentes intervenciones españolas en el norte de África
pusieron, una vez más, a la ciudad portuaria en la vanguardia fronteriza
de la Corona. Es decir, que al igual que siglos atrás, Cartagena
quedaba en un sector sobre el que los diferentes poderes políticos
intervendrían constantemente3.
La propia caída de Granada no marcó más que una fecha
en el transcurrir cotidiano. No hubo sensación de seguridad en
los años posteriores4.
Muy al contrario, las oleadas de corsarios berberiscos y la cercanía
a la gran población mudéjar existente en el reino de Granada,
continuaban amenazando la tranquilidad de la población costera,
por lo que los campos aledaños al mar continuaron desocupados.
La necesidad de fortificar la ciudad, de defenderse del exterior, continuó
presente5.
La conquista de diferentes plazas en el Norte de África marcaría
el papel de Cartagena como base militar durante los siglos XVI y XVII,
poniendo en marcha unas relaciones muy directas con estas poblaciones
del otro lado del mar. Con ciudades como Orán o Mazalquivir se
establecerían rutas marítimas muy activas que no se limitaron
exclusivamente al comercio o la relación política, sino
que crearon auténticos lazos humanos de costa a costa, pudiéndose
considerar, por ejemplo, el Oranesado y el Campo de Cartagena como una
comarca común en estos años. Otras muchas veces los contactos
estuvieron auspiciados por la propia confrontación bélica
contra los musulmanes magrebíes, con el envío de vituallas,
materiales y hombres. De ahí que, hacia los años 30 del
siglo XVI se estableciera en Cartagena la Proveeduría de Armadas
y Fronteras, que cobraría forma en la Casa del Rey.
Hacia los años finales del siglo XVI y los comienzos del XVII observamos
la realidad de la ciudad de los Austrias, con sus expectativas y sus frenos
seculares. Una ciudad que ya había salido del reducto medieval
en el cerro de la Concepción, para extenderse por los alrededores
portuarios y el monte del Molinete, surgiendo grandes arrabales a lo largo
del comienzo de los caminos de Murcia y San Ginés. Tras la gran
epidemia de 1558-59, que acabó con un tercio de los cartageneros,
se constata una rápida recuperación poblacional, llegando
a los 9.500 habitantes aproximadamente en 1600. El crecimiento se produjo
progresivamente y por primera vez en los campos circundantes, pero también
en la ciudad, detectándose en la documentación diversas
medidas del Concejo en estos aspectos, como las concesiones de solares
extramuros, o bien diferentes obras civiles, como el ensanchamiento de
la Plaza Mayor, la construcción de un nuevo edificio del Ayuntamiento,
una casa del corregidor, la canalización de aguas hacia la ciudad,
y la planificación de diferentes calles y plazas, como en la puerta
de San Ginés, San Jusepe, la Serreta o Santa Lucía. Sin
embargo, la terrible epidemia de peste de 1648 erradicaría --si
bien momentáneamente-- este crecimiento. Hacia los años
setenta del siglo XVII, cuando el ingeniero militar Lorenzo Possi trabaja
en Cartagena, se encontraba con una ciudad muy parecida a la descrita
por Texeira en 16346
:
... Esta çituada la çiudad de Cartagena al septemtrión
de su puerto, junto a la plaia, en llano saluo de la parte de leuante
que le queda vn serro. Y en lo más alto de él tiene un castillo
antiguo, bien murado, que señorea toda la çiudad. Tiene
sobre la Puerta de la Mar dos grandes cañones de bronze. Y para
dezenbarcar tiene vn muelle donde continúa la muralla a la parte
del leuante, juntándose con la del castillo que queda dicho. Y
por la parte del poniente continúa hasta vna torre. Todo lo demás
desta ciudad está fortificada de tierra, formando quatro baluartes.
Tratose de su fortificaçion algunas vezes y no a tenido efecto
por obligar a se meter dentro en ella dos montes que quedan oy fuera y
señorean todo el lugar, y assí fuera de grandísimo
gasto. En vno dellos que le queda a la parte del septemtrión está
oy fundado vn convento de San Françisco, descalços, que
llaman San Diego. Tiene esta ciudad tres puertas. La una la que queda
dicho de la Mar que está la la parte del mediodía. Y la
otra a poniente que llaman Puerta de Murçia y fuera della se estiende
un arrebal casi tan grande como la poblaçion de la çiudad.
La terçera y vltima puerta es la que sale al comuento de San Diego,
donde también se estiende otro arrebal. La poblaçion de
la ciudad dentro de su fortificaçion no es muy grande por el çitio
no dar más lugar, y así ban fabricando fuera della. A las
espaldas desta çiudad se estiende vn ermoso llano y en él
vna laguna, junto a la qual se ueen munchas muestras de su antigua fundaçion.
Y del lado del leuante y faldas del serro donde está el castillo
se ua por vna larga plaia y ensenada, donde tiene vnas hermitas. Junto
a vna que queda vna legua de la ciudad, que llaman San Juan, está
vna fuente de muy linda agua donde beuen los demás vezinos desta
çiudad, por ser vna que dentro della tienen de agua muy salobre...
La fortificación de los siglos XVI y XVII
La aparición de la artillería pirotécnica,
y su generalización en los campos de batalla, desde finales del
siglo XV, trajo consigo la aparición de un nuevo tipo de fortificación
que resistía mejor los terribles impactos del cañón
y permitía la instalación de diversas piezas en ciertos
puntos de los muros. Las altas murallas medievales ya no servían,
eran demasiado delgadas y, por su altura, ofrecían un excelente
blanco; además, sus torres, por lo general de escasa planta, dificultaban
la colocación de cañones.
Los ingenieros militares crearon un tipo de fortificación adaptada
a las nuevas necesidades de protección, con plantas generalmente
poligonales, donde predominaban las líneas rectas y afiladas, con
torres de planta pentagonal, de escasa altura, estructuradas en dos flancos
que sobresalían de la cortina y quebraban en dos caras que apuntaban
su vértice más avanzado a la campaña: era el baluarte,
el cual desviaba mejor el impacto de los balazos enemigos, y permitía
un mejor flanqueo de los muros. Fue entonces cuando se descubrió,
de manera experimental, el comportamiento de los proyectiles de cañón
sobre la tierra poco compactada, la cual absorbía la bala y reducía
enormemente sus efectos. Nació así la combinación
constructiva del muro y el terraplén de tierra: una nueva aplicación
de la ancestral construcción en tapial.
El grado técnico y la especialización de hombres y materiales
utilizados en los sistemas defensivos llegó a un grado en el que
solamente las grandes monarquías7
podían permitirse desembolsos de semejantes características
para la construcción de fuertes y cañones, así como
formar, contratar y costear las diversas labores de los expertos en el
arte de fortificar, como fueron los ingenieros militares, que no sólo
centraron sus labores en las tareas bélicas, sino en los más
diversos ámbitos8
.
Lámina 1: Plano realizado por el corregidor
Andrés Dávalos en el que proyectó una fortificación
abaluartada para la ciudad de Cartagena (1541). A.G.S. M.P.D. XIX-167.
El primer plano conocido que proyectó una fortificación
de tipo moderno para Cartagena data de 1541, y fue realizado por el corregidor
de la ciudad Andrés Dávalos a instancias del Emperador9.
Se trata de un estudio que propuso construir un amurallamiento abaluartado
adaptado a las últimas corrientes en el arte de fortificar que
existían en la época [lámina 1]. En concreto, inscribía
la población en un pentágono (si bien irregular, adaptado
al terreno), por lo que coincide en lo que los ingenieros militares de
aquellos años estimaban como más conveniente por razones
prácticas: era eficaz para la defensa y a su vez era menos cara
que la hexagonal, considerada como la realmente perfecta10
.
La fortificación propuesta por Dávalos estaba delimitada
al sur por el cerro de la Concepción, coronado por la gran fortaleza
que custodiaba el puerto; a poniente por el Arenal, una extensa playa
bañada por el mar de Mandarache, que probablemente marcaba la línea
portuaria de época púnica y romana; al norte por el monte
del Molinete, que lindaba ya con el espacio pantanoso del Almarjal; y
finalmente al este por un espacio comprendido entre las otras tres colinas
que configuraron la ciudad antigua (Montesacro, San José y Despeñaperros)
y donde se extendería el llamado arrabal de San Ginés11
. El corregidor ideó en el frente terrestre tres grandes baluartes
con orejones establecidos en lugares estratégicos de la muralla:
uno custodiando los lienzos de levante y la puerta de San Ginés,
otro dominando sobre el Molinete, y el último custodiando el Arenal
y la puerta de Murcia. La fortaleza de la ciudad al oeste y una gran torre
de planta poligonal al este defenderían el frente portuario Sin
embargo, aunque aprobado el proyecto por el Emperador, al parecer se paralizaron
las obras por el comienzo de la guerra contra Francia.
Dos años después, el deán de Cartagena, Sebastián
Clavijo, comenzaba a fortificar la población por el cerro del Molinete
durante la residencia de Dávalos, conforme a un proyecto conservado
también en el Archivo General de Simancas [lámina 2]12
. Este plano es muy interesante, ya que la muralla conservada en la actualidad
en dicho cerro --que ha sido motivo de una reciente publicación13
--, coincide plenamente con dicho proyecto, que se puede situar en torno
a 1543. Las trazas representadas en el documento muestran una fortificación
transicional, con baluartes redondos aunque claramente adaptados a la
artillería. Éstos responden al difuso concepto de baluarte
que existía en la época, el cual exclusivamente definía
a una obra destinada a defender un punto preciso14
. Bernardino de Mendoza explicaba el proceso a finales del siglo XVI:
En estos tiempos por huyr del inconveniente del dar la forma circular,
comodidad para tener puesto en ella sin ser ofendido de las líneas
derechas, de los lados y traveses, que es por donde juega el artillería,
han formado tan grandes baluartes para cubrilles en forma angular, dando
proporción de un baluarte al otro, y que venga el través
a ficar, como dizen los ingenieros, que es herir las balas de él
en la frente del baluarte15
. Al parecer, las obras dirigidas por el deán quedaron inconclusas;
hemos de esperar a momentos extraordinariamente delicados para la seguridad
interna de la Monarquía para que las tareas de fortificación
se reanudaran.

Lámina 2: Plano de Cartagena cuyo cinto fortificado
aparece flanqueado con baluartes semicirculares (¿1543?). A.G.S.
M.P.D. X-24.
La orden para fortificar la ciudad llegó con motivo de la gran
rebelión de los moriscos; por ello, Felipe II enviaba a Cartagena
al ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, acompañado por el
príncipe del Traiecto Vespasiano Gonzaga, en una interesante colaboración
entre ingeniero y hombre de armas16
. En 1569 eran enviados estos dos personajes para, como ha manifestado
Rubio Paredes17
, adecuar el proyecto defensivo realizado por Dávalos casi treinta
años antes. Realizaron una planificación de obras muy estudiada,
de acuerdo con las tácticas de ataque y defensa en las plazas y
el armamento en uso, aunque condicionados por la premura de la situación
bélica. Intervinieron en el estudio otros importantes personajes,
como don Juan de Austria, el duque de Alba y Juan Andrea Doria, e igualmente
dieron su parecer técnico otros prestigiosos ingenieros militares
a sueldo de la Monarquía, como Escipión Campí o el
Fratino.
A pesar de todo, las obras no estuvieron exentas de problemas, comenzando
por la opinión del Concejo, que aconsejaba la fortificación
en torno a las cinco colinas; incluso los propios vecinos se resistían
a trabajar en las tareas constructivas18
. Éstas, además, tuvieron gran repercusión urbana,
con numerosos derribos de casas en los arrabales19
. Las murallas se terminaron en los años 1575-1576; y los problemas
comenzaron inmediatamente. El propio diseño que en un principio
se realizó, cegaba la rambla que desaguaba el Almarjal, por lo
que éste se inundó rápidamente20
. Se creaba un gran foso frente a la muralla, pero por el contrario perjudicaba
enormemente la salubridad de la urbe y la futura expansión de ésta.
Las críticas más conocidas fueron las escritas por Jerónimo
Hurtado en 1581, en su descripción de la ciudad, donde manifiesta
que se gastaron en los dichos años más de doscientos mil
ducados en esa dicha fortificación, la qual está ya cayda
y no se usa de ella sino de la antigua que tenía la ciudad21
.
Su construcción se realizó levantando un cimiento corrido
de argamasa, que sostenía un tapial taluzado de tierra muerta,
interrumpido a intervalos por algunos tramos de aparejo mixto (ladrillo)
y mampuestos ordinarios; su altura fue, aproximadamente y en líneas
generales, de unos tres metros de altura22
. De todo ello se deduce que iba a resultar una fortificación que
requeriría un constante mantenimiento. Por si esto fuera poco,
al parecer la obra no llegó a terminarse del todo (de hecho, en
ocasiones se deduce que no perdió nunca su carácter provisional),
y la documentación transluce que, hacia los años ochenta,
existían dos recintos de murallas: la diseñada por Antonelli
y otra más antigua, construida por el concejo años atrás23
. Sin embargo, la imagen general que iba a subsistir básicamente
algo más de doscientos años, era la de la construcción
que dirigió el famoso ingeniero italiano al servicio de la Monarquía
Católica: una muralla flanqueada por grandes baluartes poligonales.
La muralla bajaba desde la fortaleza desde su lado oriental hacia el norte,
por las actuales calles Faquineto, San Antonio el Pobre, San Francisco,
Adarve, falda de levante del cerro del Molinete, hasta el baluarte que
se levantó al NE de esta elevación. Aprovechaba así
la muralla preexistente donde se situaba la puerta de San Ginés.
Para defender este vano se levantó un gran baluarte --que recibió
el nombre de este santo--, llamado también, por su altura y dominación,
caballero de San Ginés, denominación que heredaría
la calle que se abrió en su solar.
El frente del Almarjal comenzaba con el llamado baluarte de la Victoria
o de la Serreta, en la fachada nororiental del Molinete; la muralla corría
en dirección este-oeste, hacia la Puerta de Murcia, extendiéndose
algo más al oeste para encintar la Casa del Rey, construida pocos
años antes. Tras la construcción del Hospital de Galeras,
en la segunda mitad del XVII, dos grandes baluartes acotaban este sector:
el del Águila (o del Molinete), y otro más a poniente, el
de Santa María (llamado con los años del Camposanto).
Así el tramo oeste, conteniendo el complejo fortificado de las
Casas del Rey, avanzaba sobre el Arenal, frente al Mandarache, por lo
que quedaba delimitado entre el baluarte anterior y el de San Juan, al
sur, que coincide con la torre que Dávalos proyectó para
la defensa portuaria. La playa del Arenal era utilizada como embarcadero
y varadero, por lo que en la muralla se abría una puerta que recibía
su nombre.
Finalmente, el frente marítimo, al sur, transcurría desde
el baluarte de San Juan hasta la fortaleza; en este tramo se aprovechó
con pocas dudas el trazado de la antigua muralla, incluyendo la torre
de San Juan, que sería uno de los objetivos de reforma propuesto
por Lorenzo Possi más de un siglo después. En este muro
se abrían las puertas de la Pescadería (o San Leandro),
por la que se accedió pocos años después a un espigón,
y la del Muelle, que daba comunicación al famoso muelle de la plaça,
destruido en parte hace pocos años24.
Con diversas obras de mantenimiento y reformas menores, la muralla diseñada
por Juan Bautista Antonelli continuaba siendo el recinto fortificado de
la ciudad en la segunda mitad del siglo XVII. Pero el interés por
mantener en buen estado los muros se intensificó al decidir la
Corona, en 1668, que la escuadra de Galeras de España invernara
en el puerto de Cartagena. Para ello ordenó al marqués del
Viso, su Capitán General, que dirigiera las tareas de limpieza,
y estudiara la necesaria ordenación del puerto para servir de base
permanente. A pesar de algunos proyectos --quizá precedentes de
las grandes obras del siglo XVIII--, como un diseño del propio
Possi para realizar una tarçena para las galeras25,
finalmente las labores se centraron en un nuevo arreglo de las antiguas
murallas.
En este contexto, el ingeniero militar Lorenzo Possi --estando Carlos
María Calonne como Gobernador de las Armas en Cartagena--, realizó
el informe que se adjunta como apéndice documental, acompañándolo
de un espléndido plano [lámina 3]26.
La intención de Possi era la reparación del viejo recinto,
además de agrandar el baluarte (la torre) de San Juan, que había
quedado pequeño en comparación con los que apuntaban a la
campaña: baluartes de dos caras, con orejones, muy parecidos a
los diseñados por Dávalos ciento treinta años antes.
Se aprecian en la ilustración estos enormes elementos de la fortificación
moderna: el de Santa María (o de la Puerta de Murcia), el del Águila
(el Molinete), el de la Victoria (la Serreta) y el de Santiago (San Ginés),
seguidos por los más pequeños de las Beatas –sobre
Antiguones-- y de la Princesa, al sureste de la vieja fortaleza. Resalta
también un foso que rodea toda la línea murada --que aprovechaba
los canales de desagüe del Almarjal (la acequieta)--, y la Puerta
de la Villa situada entonces en su emplazamiento original, mirando al
puerto, así como su camino de acceso, sobre la falda sur del cerro
de la Concepción.

Lámina 3: Plano trazado y dibujado por el ingeniero
militar Lorenzo Possi, donde muestra las reformas y los tramos que se
han de reparar sobre la muralla de Cartagena (1669). A.G.S. M.P.D. XXXIV-29.
El ingeniero envió también a la Reina
Madre, Mariana de Austria --en aquellos momentos regente de España--
un detallado informe con la pretensión de cerrar y reducir en defensa
esta ciudad, reparando sus murallas, las cuales estan hechas con tapia
de tierra [...] y estando caydas la mayor parte, cuyas vrechas se muestran
en la planta. Efectivamente, Possi planeó restaurar el antiguo
recinto, así como levantar en altura los baluartes, ya que se hallaban
muy deteriorados; igualmente, aconsejó cerrar los orejones de los
baluartes, y rehacerlos francos o traveses de nuevo, así como reparar
las puertas de San Ginés y de la Villa. Como se deduce de los detalles
presupuestarios, el sistema constructivo era el mismo utilizado años
atrás, es decir, cal y canto para las puerta y cimientos, y tapial
(utilizando el consiguiente maderaje de tapiales y andamios y otros aderentes)
remozado con cal para el resto de la muralla.
Apéndice documental27
1669-X-21. Cartagena. El marqués del Viso al conde de Rebolledo,
adjuntando documento de Don Lorenzo Possi, ingeniero militar, donde se
realiza explicación y coste de la reparación de las murallas
de Cartagena. A.G.S. G.A., leg. 2196. Adjunta plano (A.G.S. M.P.D.-XXXIV-29;
publicado por RUBIO PAREDES, J.M.; El castillo de la Concepción
de la ciudad de Cartagena. Cartagena, 1995, pág. 101).
[Portadilla:
Cartagena. A su magestad. 1669. El marqués del Viso. En 21 de octubre.
En ii de octubre 1669 [sic]. Remitase al señor conde Rebolledo
[rúbrica].
Como se le ha mandado, remite la planta de la ciudad de Cartagena echa
por el ingeniero militar don Lorenzo Possi, que sirve en el Tercio del
Conde de Frixiliana y ha discurrido con él sobre la costa que puede
tener el leuantar las muralllas y zerrarlas para la defensa de vna escalada.
Haze juicio costara 30.811 escudos de vellon, asistiendo al trauajo la
chusma de las galeras y dandose por quenta de su magestad los picos, azadas
y polvora para minas con que ronper las peñas, y con el trauajo
de vn mes se esperimentara mejor la zerteza del conputo que haze el ingeniero,
a cuya planta y decaracion se remite.]
Excelentisimo señor:
Señor:
Para cerrar y reduzir en defensa esta ciudad reparando sus murallas, las
quales estan hechas de tapia de tierra, como su excelencia las reconozio
con nuestra asistenzia, y estan caydas la mayor parte, cuyas vrechas se
muestran por la planta que es con este en las señales de la letra
A:A: teñida con color amarillo y puntos. Se nezesita levantar todas
las brechas, las quales se pueden lebantar con tapias de tierra, y el
çimiento de ella es menester azerlo de piedra y cal. El baluarte
de la puerta de Murzia nezesita lebantarlo alto tres baras mas de lo que
tiene, y toda la cortina de la dicha puerta es menester reazerla de nuebo;
su zimiento de piedra y cal y el remanente de tapias, como lo muestra
en la planta las letras B:B:. El baluarte debajo del Molinete es menester
hechar avajo toda la frente señalada C:C:, porque se esta cayendo
y azerla de nuebo mismamente a tapia. La cortina que dize del baluarte
del Molinete al baluarte de la Zerreta está la mayor parte cayda,
y lo demas bendra azer ruina y asi es menester azerlo de nuebo su zimiento
de piedra y cal y el remanente de tapia como lo señala la planta
con letra D;D;. La mitad de la cortina entre el baluarte de la Zerreta
y el baluarte de San Jines es menester lebantarla de nuebo como lo muestra
en la planta la letra E:E:. Todo el baluarte de San Jines es menester
lebantarlo tres baras y media y ponerle mas terraplen del que tiene; la
puerta de San Jines necesita azerla toda de nuebo. La cortina que viene
del baluarte de las Beatas vna parte de ella amenaza ruyna; sera menester
hazerla de nuebo y ponerle mas terraplen y alargala que allegue a la puerta
de San Jines como lo muestra la letra F:F:. El baluarte de las Beatas
nezesita de terraplen mas de lo que tiene y lebantarlo dos varas y media
mas; el baluarte y cortina de la Prinzesa, la terzera parte de la dicha
cortina reazerla de nuebo porque amenaza ruyna como lo muestra la letra
G:G:; el dicho baluarte de la Princesa es menester se comunique con la
muralla del castillo; nezesita azer todo aquel pedazo de nuebo como lo
muestra la letra H:H:.
A todos los baluartes es menester zerrarles los orejones y reazerlo francos
o trabeses de nuebo; y tambien es menester azer de nuebo de piedra y cal
algun angulo de los baluartes formando sus garitas para las zentinelas;
a la puerta de la Villa nezesita azer todo aquel pedazo de muralla de
piedra y cal, formandose su puerta como lo muestra la letra K:K:. Lo demas
de la muralla que queda a la parte del mar nezesita de algunos reparos
que serian de grande gasto y al presente se pueden remediar algunas cosas
como son las baterias; y asi quedara la dicha Plaza zerrada y con su defensas;
se podra mandar lo que fuere serbido.
Calculo del gasto que nezesita:
Muralla de piedra y cal para los zimientos y puertas y otras cosas nezesarias
baras cubicas: 7.620; a diezyocho reales la bara cubica son reales 8.316
0 que azen: escudos de vellon: 83.160.
Y tapias, echar todas de tierra baras cubicas: 22.892. A seys reales cada
vara cubica ymportan 139.350; que hacen escudos:13.935.
Tapias con vna cara de cal; baras cubicas: 2.360; a diez reales la bara
cubica son reales 23.600; que azen escudos: 2.360.
Para la escavazion de los zimientos y poner el terraplen donde es menester
en todo escudos: 3.600.
Para maderaje de tapiales y andamios y otros aderentes y errajes, clabos
que es menester para el trabajo: 2.800.
Escudos de vellon: 30.811.
Contando en que vuestra excelencia me a de dar los esclabos de las galeras
que es menester para el trabajo, que en otra forma no se podia azer en
este prezio, y que los almagazenes de su magestad den las erramientas
nezesarias para la obra que son palas, [borrado], picos, azadas y espuertas
y otros aderentes nezesarios y tambien polbera para azer ornillos para
bolar algun pedazo de peñasco.
Cartajena, 21 de octubre de 1669.
Señor, beso las manos de vuestra excelencia:
El capitan Lorenzo Possi, ingeniero militar.
Notas:
1. Existen varias tesis doctorales publicadas sobre la Cartagena
de los siglos XVI y XVII, centradas en diversos ámbitos, por lo
que es uno de los periodos mejor conocidos. Véanse MONTOJO MONTOJO,
V.; El Siglo de Oro en Cartagena (1480-1640). Murcia, 1993; TORRES
SÁNCHEZ, R.; Ciudad y población. El desarrollo demográfico
en Cartagena durante la Edad Moderna. Murcia, 1998; VELASCO HERNÁNDEZ,
F.; Auge y estancamiento de un enclave mercantil en la periferia.
El nuevo resurgir de Cartagena entre 1540 y 1676. Murcia, 2001; y
TORNEL COBACHO, C.; El gobierno de Cartagena en el Antiguo Régimen
(1245-1812). Cartagena, 2001. Por otra parte, es destacable también
el trabajo de ANDRÉS SARASA, J.L.; “El paisaje urbano bajo
los Austrias”. Historia de Cartagena, vol. VII. Murcia,
1994, págs. 95-120.
2. Todo esto lo analicé en un trabajo específico: En los
confines de Castilla. La costa del Reino de Murcia en la Baja Edad Media.
Tesis de licenciatura inédita. Murcia, 1998.
3. Para su estudio me remito a la bibliografía recogida en GARCÍA-ARENAL,
DE BULNES, M.A. y AGUILAR, M.V.; Repertorio bibliográfico de
las relaciones entre la Península Ibérica y el Norte de
África (siglos XV y XVI). Fuentes y bibliografía. Madrid,
1989.
4. Ya fue constatado en la tesis de licenciatura de Jiménez Alcázar,
publicada bajo el título de Lorca a finales de la Edad Media (Cartagena,
1992), y es aplicable al resto del reino, sobre todo a las zonas periféricas.
5. Sobre las fortificaciones y las defensas de Cartagena a lo largo de
su historia, citaremos una bibliografía básica y específica:
GÓMEZ VIZCAÍNO, J.A.; Panorámica de la Artillería
como Real Cuerpo y Arma en la ciudad de Cartagena. Cartagena, 1994;
MONTOJO MONTOJO, V.; “Configuración del sistema defensivo
de la Cartagena Moderna”. Historia de Cartagena, vol. VII.
Murcia, 1994, págs 491-544; GÓMEZ VIZCAÍNO, A.; Castillos
y fortalezas de Cartagena. Cartagena, 1998 (2ª Ed.); SANTAELLA
PASCUAL, F.; La Artillería en la defensa de Cartagena y su
base naval. Cartagena, 2001; MARZAL MARTÍNEZ, A.; “Plan
de defensa del puerto de Cartagena”. R.H.M., nº 43.
Madrid, 1977, pág. 127, y, de la misma historiadora, “Cartagena,
modelo de ingeniería militar del siglo XVIII”. Historia
de Cartagena, vol. VIII. Murcia, 2000, págs. 425-458; son
imprescindibles las monografías de RUBIO PAREDES, J.A.; La
muralla de Carlos III en Cartagena. Cartagena, 1991, El castillo
de la Concepción de la Ciudad de Cartagena. Cartagena, 1994,
e Historia de la Muralla de Carlos III en Cartagena. Alicante,
2001. La puesta al día, con una visión global de las fortificaciones
de la ciudad portuaria: MARTÍNEZ LÓPEZ, J.A. (Coord.); Estudio
y catalogación de los elementos defensivos del puerto de Cartagena.
Murcia, 2003; también una síntesis divulgativa en GÓMEZ
VIZCAÍNO, J.A., MARTÍNEZ LÓPEZ, J.A., y MUNUERA NAVARRO,
D.; Castillos y fortificaciones de la comarca de Cartagena. Murcia,
2003. Específicamente sobre las defensas de la bocana se puede
consultar mi artículo “El peligro del mar. La defensa estática
del puerto de Cartagena hasta el siglo XVIII”. C.A.M.,
vol. 6. Madrid, 2003, págs. 309-333.
6. MARÍAS, F. y PEREDA, F. (Eds.); El Atlas del Rey Planeta
(1634). Descripción de España, de sus reinos y las costas
y puertos. (Facsímil del original de Pedro de Texeira). Madrid,
2003, fol. 69 v.
7. Evidentemente me refiero principalmente a la Hispánica. Sobre
este asunto, es muy completa la obra de CÁMARA MUÑOZ, A.;
Fortificación y ciudad en los reinos de Felipe II. Madrid,
1998, y de la misma autora, es interesante su artículo “Fortificación,
ciudad y defensa de los reinos peninsulares en la España imperial.
Siglos XVI y XVII”. La ciudad y las murallas. Madrid, 1991,
págs. 89-112. Sobre la evolución técnica del armamento,
HERRERO FERNÁNDEZ-QUESADA, M. D.; “De los orígenes
medievales de la artillería española a la artillería
austracista”. Al pie de los cañones. Madrid, 1994, págs.
21-63 París, 1972; acerca del poderío bélico español,
véanse también las obras de QUATREFAGES, R.; “La fortificación
en España durante el Renacimiento”. Temas de Historia
Militar (Ponencias del I Congreso de Historia Militar). Zaragoza,
1986, págs. 133-142, y La revolución militar moderna.
El crisol español. Madrid, 1996; muy interesante resulta el
análisis de RODRÍGUEZ SALGADO, M.; The Changing Face
of Empire. Charles V, Philip II and Habsbourg Authority, 1551-1559.
Cambridge, 1988. Como obra general para entender la geopolítica
del momento, es imprescindible citar la clásica obra de BRAUDEL,
F.; El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época
de Felipe II. Madrid, 1976, II vols. Sobre este asunto, también
es interesante, por la documentación otomana, la obra de HESS,
A. C.; The forgotten frontier. A history of the Sexteenth Century
Ibero-African Frontier. Chicago-Londres, 1978
8. La bibliografía es extensísima. Destacaremos los trabajos
siguientes: TADINI, G.; Ferramolino de Bergamo. L’ingegnerei
militare che nel’500 fortificó la Sicilia. Bérgamo,
1977; VV.AA.; Architetti e ingegneri militari italiani all’estero
dal XV al XVIII secolo. Livorno, 1994, págs. 79-101; BRAVO
NIETO, A.; Ingenieros militares en Melilla. Teoría y práctica
de fortificación durante la Edad Moderna. Siglos XVI a XVII.
Melilla, 1991; PORRAS GIL, C.; “La intervención de A. Ferramolín
y Micer Benedicto de Ravena en las fortificaciones de la costa nororiental
africana: La Goleta, Bona y Bujía”, y ALONSO ACERO, B.; “El
doble presidio de Orán-Mazalquivir: teoría y práctica
de la fortificación moderna en la frontera de Berbería”,
ambas en las II Jornadas de fortificaciones modernas y contemporáneas.
Cartagena, 2000, págs. 153-161 y 1527-136; CÁMARA MUÑOZ,
A.; “El sistema de fortificación de costas en el reinado
de Felipe II: la costa norte de África y la fortificación
de Melilla en el siglo XVI”. Melilla en la historia: sus fortificaciones.
Madrid, 1991, págs. 31-41. En otro ámbito geográfico,
de la autora anterior, “Fortificaciones españolas en la frontera
de los Pirineos. El siglo XVI”. Congreso Internacional “Historia
de los Pirineos”, vol. II. Madrid, 1991, págs. 259-282;
de FUENTE DE PABLO, P. de la; Les fortificacions reials del golf de
Roses en época moderna. Rosas, 1998, y La ciudad como
problema militar: Perpiñán y los ingenieros de la monarquía
española (ss. XVI-XVII). Madrid, 1999; IDIOATE, F.; “Las
fortificaciones de Pamplona a partir de la conquista de Navarra”.
Príncipe de Viana, nºs LIV-LV. Pamplona, 1954, págs.
57-154. Sobre las Indias, ESTERAS, C. y GUTIÉRREZ, R.; “América:
territorio y fortificación en tiempos de los Austrias”. El
oro y la plata de las Indias en la época de los Austrias.
Madrid, 1999. Otros aspectos en GARCÍA TAPIA, N.; Ingeniería
y arquitectura en el Renacimiento español. Valladolid, 1990.
9. A.G.S. M.P.D. XIX-167. (Lámina 1.) Lo acompaña un interesante
informe: A.G.S. Estado, leg. 48. fols 1-2. El plano ha sido publicado
en numerosas ocasiones por diversos autores, en especial por Rubio Paredes.
Sin rotulaciones posteriores se ha publicado en MARTÍNEZ LÓPEZ,
J.A. (Coord). Ob. Cit.
10. CÁMARA MUÑOZ, A.; Fortificación y ciudad...,
pág. 30.
11. La intención era que la ciudad se extendiese hacia el este,
por el arrabal de San Ginés, prohibiendo el reparto de solares
en el de la Puerta de Murcia: RUBIO PAREDES, J.M.; “El plano de
Dávalos de 1541. Singular testimonio en la encrucijada de la evolución
de los sistemas de fortificación”. II Jornadas sobre
fortificaciones..., págs. 83-88, pág. 83. La historia
urbana demuestra que esto no fue posible.
12. A.G.S. M.P.D. X-24. (Lámina 2.) Sorprendentemente, cuando solicité
el informe adjunto a Simancas, me fue enviado el informe de Dávalos
que acompaña a su plano, con carta explicativa del archivero: la
signatura correcta del documento es Estado, legajo 48, folio 2; el catálogo
da erróneamente el legajo 62-162 que se corresponde con otro plano
de San Sebastián. Ha sido publicada una reproducción en
MARTÍNEZ LÓPEZ, J.A. (Coord). Ob. Cit.
13. GÓMEZ VIZCAÍNO, A.; “Las murallas de los Austrias
en Cartagena (1500-1700). Fuentes documentales y testimonios materiales”.
Arx Asdrubalis, vol. I. Murcia, 2003, págs. 269-305.
14. Véase CÁMARA MUÑOZ, A.; “Las fortificaciones
del emperador Carlos V”. Carlos V. Las armas y las letras.
Madrid, 2000, págs. 123-138, pág. 128.
15. Apud CÁMARA MUÑOZ, A.; Ciudad y fortificación...,
pág. 29.
16. Ibídem, págs. 95-101.
17. RUBIO PAREDES, J.M.; Francisco Cascales. Discurso de la ciudad
de Cartagena. Cartagena, 1998, págs. 222-224. Seguimos su
descripción de esta fortificación. Sobre el trazado se puede
consultar también CASAL MARTÍNEZ, F.; Historia de las calles
de Cartagena. Cartagena, 1986 (1ª Ed. 1930), págs. 23 y sigs.
18. TORNEL, C. et al.; Textos para la Historia de Cartagena (s. XVI-XX).
Cartagena, 1985, págs 39-40.
19. MONTOJO MONTOJO, V.; “Configuración del sistema ...”,
pág. 526. Véase, sobre este asunto, el artículo de
ADORNI, B.; “Las fortificaciones de Parma y Piacenza en el siglo
XVI. Arquitectura militar, expropiaciones y perjuicios”. La
ciudad y las murallas. Madrid, 1991, págs. 133-167.
20. MONTOJO MONTOJO, V.; “Configuración del sistema...”,
pág. 533.
21. HURTADO, J.; “Descripción de Cartagena”. VICENT
Y PORTILLO, G.; Biblioteca histórica de Cartagena. Madrid,
1889, págs. 305-324, pág. 316.
22. RUBIO PAREDES, J.M.; Francisco Cascales..., pág. 224
23. GRANDAL LÓPEZ, A.; “Los siglos XVI y XVII”. Manual
de Historia de Cartagena. Cartagena, 1996., pág. 171.
24. Véase VELASCO HERNÁNDEZ, F.; Auge y estancamiento...,
págs. 64 y sigs.
25. A.G.S. M.P.D. XXVII-33. Publ. por RUBIO PAREDES, J.M.; El castillo...,
págs. 101-102.
26. A.G.S. M.P.D. XXXIV-29. (Lámina 3.) Ha sido publicada una reproducción
en MARTÍNEZ LÓPEZ, J.A. (Coord). Ob. Cit. Possi representó
las murallas de manera ortogonal, pero se aprecia, en los colores, un
intento por reproducir alturas al mostrar el terreno. Véase SAN
ANTONIO GÓMEZ, C y LEÓN CASAS, M.A.; “La cartografía
aplicada a la representación de las obras públicas españolas.
Siglos XVI-XVII”. XIV Congreso Internacional de Ingeniería
Gráfica. Santander, 2002, publicado en URL:
http://departamentos.unicam.es/digiteg/ingegraf/cd/ponencias/175.pdf
El documento adjunto al plano, en A.G.S., G.A., leg. 2196 (Apéndice
documental).
27. Las normas de transcripción que se han seguido son las siguientes:
desarrollo sistemático de las abreviaturas, con separación
de las contracciones y acentuación en los casos que se pudiera
plantear malinterpretación o confusión del contenido. He
respetado el resto de las grafías.
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