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Juan García Sandoval
Rosa Plaza Santiago
Los trabajos han surgido a partir de la colaboración
interdisciplinar entre arqueólogos, historiadores y restauradores1
, dando lugar una metodología válida para este tipo de intervenciones
en Patrimonio, hemos pretendido marcar unas pautas de tratamientos para
posteriores intervenciones ha realizar en el conjunto de pinturas murales
de villa de “La Quintilla”.
Con la aplicación de una correcta metodología: documentación
fotográfica y gráfica, examen, limpieza y consolidación
provisional, engasado, extracción en grandes placas adaptándose
a las fracturas, embalaje en cajas confeccionadas a medida y transporte,
análisis físico-químico, y tratamientos de: limpieza,
fijación de la capa pictórica consolidación de los
morteros, montaje en un soporte inerte, reintegración volumétrica
y cromática, montaje expositivo y presentación didáctica
en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca, se ha recuperado una
parte importante de nuestra riqueza material.
INTRODUCCIÓN
La conservación y la restauración de la
pintura mural aparecida en yacimientos arqueológicos siempre ha
sido un tema difícil de abordar. La complejidad viene determinada
por la dificultad que ofrece su rescate o extracción del yacimiento
y el tipo de deterioro producido en el material durante su abandono y
enterramiento, además de por las características materiales
y técnicas de este tipo de obra, por las características
de la pintura de que se trate. Todo ello, va a determinar la posterior
intervención de la restauración, sin olvidar, la importante
cuestión de su musealización que viene a complicar aún
más la labor, tanto por cuestiones técnicas, como didácticas
y de criterios.
Esperamos que esta exposición pueda ser de utilidad para otras
intervenciones en el campo de la intervención “in situ”,
extracción, restauración y musealización de pintura
mural romana, aunque cada caso presenta problemas y actuaciones específicos.
El deterioro de la pintura mural viene como consecuencia de su abandono,
derrumbe o desplome, su posterior enterramiento y adaptación al
suelo, de los agentes degradantes de este nuevo medio subterráneo
en el que se hallaba, a su posterior descubrimiento y de la readaptación
brusca que este material tiene que realizar al medio aéreo en el
que de nuevo se encuentran.
En este tipo de intervenciones se plantea como necesario y complementario
el trabajo de campo y el de laboratorio. La extracción en el yacimiento,
permite el rescate de la pintura mural. La restauración en el taller,
permite por un lado, su recuperación como material, y por otro,
su recuperación como obra en conjunto, devolviéndole la
correcta legibilidad mediante el montaje expositivo.
Todo ello, conlleva un exhaustivo estudio previo a las labores de intervención,
llevado a cabo por un equipo interdisciplinario. Ante la abundancia de
restos de pintura mural y de su calidad, previo a los trabajos se realizó
documentación fotográfica y la realización de gráficos,
se llegó a un diagnostico de las alteraciones presentes y a un
análisis de patologías, que permite establecer la metodología,
los trabajos se plantearon en dos fases, por un lado, los trabajos desarrollados
sobre los restos “in situ” hasta su traslado a los fondos/almacenes
del Museo (excavación, extracción, embalaje, transporte,
almacenamiento), y de otro los trabajos en el laboratorio, la intervención
en el taller de restauración podría dividirse en dos partes,
la primera, referida exclusivamente a los tratamientos aplicados al material
original para su recuperación: continúa documentación
de los procesos aplicados, limpieza, consolidación y fijación
de película pictórica, desmontaje, consolidación
de morteros y adhesión de fragmentos; y una segunda, referida al
montaje expositivo de los restos ya tratados: aplicación de nuevos
morteros, preparación del nuevo soporte, reintegración material
y estructural, y reintegración estética, todo ello, con
su conllevada documentación.
Todas las intervenciones expuestas han sido estudiadas y seleccionadas
teniendo en cuenta los criterios actuales de conservación-restauración:
máxima reversibilidad, mínima intervención, reconocimiento
y respeto por el original y una documentación adecuada; cuidando
al máximo la elección del método, los productos y
los materiales, con el fin, de garantizar que la intervención se
realizaba con el máximo respeto por la integridad estética,
histórica y física de las pinturas, conjugado con la importante
función didáctica que los restos ofrecen al devolverles
su correcta legibilidad para comprensión del público en
general.
El artículo se centra en los siguientes puntos:
I. Agentes de degradación en yacimientos arqueológicos.
II. La pintura mural: Estado de Conservación y Criterios de actuación.
III. Excavación, Consolidación y Extracción de pintura
mural.
IV. Tratamientos de Conservación y Restauración.
V. Montaje Expósito.
Los restos aquí tratados proceden de la villa romana de “La
Quintilla”, en la cual, se han realizado campañas de excavación
entre 1981-1985 y 1998-2003. En el transcurso de estos trabajos salieron
a luz un gran número de restos, de pintura mural y numerosas estructuras.
La falta de medios y de personal para tratar la extracción de los
restos pictóricos y de la consolidación de las estructuras,
se mantuvo hasta que en la campaña de 1998, los directores de la
excavación junto con la administración local y regional,
reorientaron el proyecto con la finalidad de planificar que en las campañas
sucesivas se contase con la colaboración de restauradores2 y de
personal necesario para abordar con éxito los trabajos.
En la actualidad, el yacimiento está en fase de excavación
y estudio, realizándose al mismo tiempo tareas de extracción
y consolidación, por lo que es necesario realizar protecciones
parciales, para evitar el deterioro, rotura o caída, de las estructuras,
que pudieran producirse a consecuencia del mal estado de conservación3.
LA VILLA DE “LA QUINTILLA”, LORCA. MURCIA
Los primeros hallazgos se producen de forma casual en
1876, provocando un gran revuelo entre los historiadores y eruditos locales
que llevaron a cabo excavaciones en esta villa, así, la historiografía4
recoge numerosas alusiones de los restos encontrados, hay trabajos documentados
del yacimiento en 1925. Las excavaciones se retoman en 19815 y continúan
hasta 1985, en los años posteriores no hay intervenciones arqueológicas
y hay que esperar a 1998-99 años en los que se realizaron labores
de extracción y consolidación de las pinturas de la habitación
7/35. Actualmente los trabajos de excavación y extracción
continúan.
El yacimiento arqueológico se halla situado en la diputación
“El Consejero” dentro del término municipal de Lorca,
Murcia6 , actualmente ocupa 1,5 hectáreas distribuidas en tres terrazas
al pie de un cantil calizo, situada a media ladera en las proximidades
del río Guadalentín. Su situación responde con bastante
precisión a las propuestas marcadas por los agrónomos latinos
que recomiendan emplazamientos situados en las proximidades de cursos
de agua, representado por una fuente, y cercanos a una vía de comunicación,
la vía Augusta.

Fotografía 1: Vista general de la terraza superior.
En las excavaciones realizadas se han documentado los restos de un total
de 35 estancias que han permitido definir con claridad su estructura arquitectónica,
organizada en dos niveles, en la terraza inferior habitaciones (1-12)
se articulan en torno a un atrio (fotografía 1) donde se distribuyen
los departamentos de servicio y un complejo balnear; en la terraza superior,
de forma trapezoidal y las habitaciones (13-35), que en este caso, se
organizan en torno a un peristilo, donde se encuentran varias estancias
pavimentadas con mosaicos y paredes decoradas. Todo el conjunto arquitectónico
está datado en la primera mitad del siglo II d.C. (RAMALLO, MARTÍNEZ,
FERNÁNDEZ y GARCÍA, EN PRENSA)
Desde un punto legal estos restos arquitectónicos están
amparados por la Ley de Patrimonio Histórico Español de
19857,
y más concretamente por el título VIII, en este sentido
en el artículo 67, que menciona expresamente a las medidas necesarias
que la administración dispondrá para las obras de conservación,
mantenimiento y rehabilitación, así como de las prospecciones
y excavaciones arqueológicas realizadas en bienes declarados de
interés cultural8.
I. AGENTES DE DEGRADACIÓN EN YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS
Cualquier Bien Cultural tanto Mueble como Inmueble,
se encuentra expuesto a una serie de factores y condiciones que pueden
variar a lo largo de su vida y que afectan de forma directa a su Conservación.
Los agentes de degradación que actúan en los yacimientos
arqueológicos se caracterizan por los tres momentos bien diferenciados
por los que pasan. Un objeto y/o estructura: desde su existencia hasta
su enterramiento, durante su enterramiento, y tras su exhumación.
Previamente a quedar sepultados el bien cultural puede sufrir alteraciones
o agresiones propias de su función y/o uso cotidiano, y de su abandono.
Durante su enterramiento, una vez que los restos están bajo tierra,
son varios los factores que intervienen en el proceso de degradación.
Destacan los ciclos de rehidratación y recristalización
de las sales minerales contenidas en el agua del terreno9, las raíces
vegetales, la presencia de animales10 o el ph del terreno11. El entorno subterráneo
presenta unas características bien definidas: humedad relativa
alta, ausencia de luz, escasez de oxígeno, temperaturas templadas,
presión por sedimentación, etc. Pero lo más significativo
es que estos factores se mantienen de una forma relativamente invariable
y cuando se modifican, sucede de forma lenta y gradual.
En el momento de la exhumación y extracción de los restos
arqueológicos al medio aéreo, se inicia un proceso que implica
una serie de cambios bruscos que rompen el equilibrio mantenido en su
enterramiento durante largo del tiempo. Este entorno es cambiante y está
influido por las variaciones climáticas, estacionales y diarias.
El grado de humedad, los agentes químicos provenientes del suelo
y de la contaminación atmosférica, la temperatura, las sales
solubles e insolubles, las radiaciones espectrales, etc.; son algunos
de los factores que siempre estarán presentes en este entorno y
será la relación entre ellos, así como las modificaciones
de sus parámetros, las que variarán las características
a las que un material tiene que adaptarse.
Un aspecto importante a tener en cuenta es conocer su naturaleza, su composición,
su procedencia, etc. Estos datos nos permiten deducir las degradaciones
que han sufrido durante su enterramiento, las que pueden producirse en
su extracción y en el cambio al nuevo medio (aéreo) al que
salen a la luz. Según su naturaleza nos encontramos con materiales
orgánicos (madera, cuero, marfil, hueso, esparto, etc.) e inorgánicos,
(cerámica, vidrio, piedra, metales, etc.) unos provienen del reino
animal o vegetal y otros del reino mineral (ESCUDERO y ROSELLO, 1988).
Según esto, podríamos sintetizar los agentes de deterioro
en externos e internos (FERRER, 1995).
1. Agentes internos:
Son los concernientes a los propios elementos que componen
materialmente los objetos y estructuras (piedra, morteros, adobe, ladrillo,
cerámica). El comportamiento de estos materiales constituyentes
frente a la necesidad que tiene cualquier cuerpo de estabilizarse en su
entorno, va a determinar las transformaciones físicas y químicas
del material constituyente del objeto en cuestión. Si los hallazgos
están fabricados con materiales débiles y porosos, el deterioro
o destrucción12 puede desarrollarse en un corto periodo de tiempo.
2. Agentes externos son:
El agua, favorece la mayoría de las reacciones
químicas, los materiales orgánicos alteran su tamaño
al tomar o perder agua, en el caso de la pintura mural provoca distensiones
y encogimiento en la película pictórica. En el caso de las
humedades13 (por capilaridad, por condensación, por infiltración),
la relación de los distintos soportes entre diferentes porcentajes
de humedad de muro y el enlucido produce la perdida o deterioro del material.
El aporte de humedad queda relacionado con los cambios estacionales y
sus correspondientes variaciones en los niveles freáticos, corrientes
subterráneas, etc.
Las sales solubles, se encuentran de forma natural presentes en el subsuelo.
Durante el período de tiempo en el que un objeto o una estructura
permanece enterrado hasta su estudio arqueológico, absorben las
sales solubles transportadas por el agua. Éstas se cristalizan
sobre el soporte mural, sobre la cerámica, en los muros, etc.,
cuando la Humedad Relativa14 del medio desciende. Esto, puede producir la
desintegración o deterioro de los materiales como los de la pintura
mural y los de los morteros de cal. Si el proceso de secado de estructuras
y objetos es rápido, aparecen en la superficie eflorencencias.
Si por el contrario, el secado es lento, la cristalización de sales
tiende a producirse en el interior de los poros del material (MORA y PHILIPPOT,
1969).
La temperatura es la responsable de la desecación de los materiales
y también de la condensación o saturación de agua
sobre las diferentes superficies, en las estructuras capilares de algunos
materiales, en interior de los cuerpos porosos o fisurados, etc.
La acción antrópica, el hombre origina deterioros por las
obras en construcción, los movimientos de tierras, etc.
Factores climáticos, inciden directamente sobre los materiales
transformando la estructura de los muros, pavimentos, pintura mural, etc.,
los vientos, los ciclos estacionales (heladas y deshielo), las oscilaciones
térmicas (sombra/sol, día/noche) provocan variaciones térmicas,
etc.
Factores biológicos, la acción de insectos y animales15 ,
la variedad de arbustos y plantas, microorganismos, etc.
De entre estos diferentes factores que condicionan las características
de un entorno y el proceso de degradación, son la humedad, la temperatura,
las sales solubles y, sobre todo, la relación que se establece
entre ellos, los que potencialmente pueden resultar más perjudiciales
para las estructuras muebles e inmuebles a conservar.
II. LA PINTURA MURAL: ESTADO DE CONSERVACIÓN
Y CRITERIOS DE ACTUACIÓN.
Los últimos trabajos de excavación han
sacado a la luz nuevos revestimientos murales16 , algunos de ellos parcialmente
decorados. Gracias a las intervenciones de conservación y restauración,
estos restos se están recuperando, con lo que se esta precisando
en la actualidad, la evolución y trayectoria de las decoraciones
murales.
La pintura romana es esencialmente pintura mural17,
realizada mediante la técnica al fresco18
, al temple19
o mixta20
(que mezcla ambas) esta última técnica es la que decora
la villa, los restos parietales son de una gran destreza técnica.
Hay que tener e cuenta que los testimonios materiales de pintura mural
son escasos si los comparamos con los restos que han llegado a nuestros
días de otras artes, como son la escultura o el mosaico.
En la mayoría de las pinturas del mundo romano, los paramentos
fueron obras anónimas21, donde el taller predominaba sobre el pintor,
agrupados en la mayoría de los casos en talleres, que se encargaban
de la decoración de una estancia o de toda la casa, repartiéndose
el trabajo según la especialidad de cada uno, algunos talleres
serían fijos, establecidos en la ciudad, pero otros se movían
por el Imperio.

Lámina 1: Maceado de tapial en el interior de un encofrado. (ADAM,
1996:63)
La pintura mural siempre ha estado vinculada a la arquitectura, normalmente
sigue la disposición arquitectónica, o bien se independiza
relativamente, pero ambas quedan relacionadas espacialmente22. Este sistema
de revestimiento se debe a una doble necesidad, en primer lugar, a una
competencia de orden práctico y funcional, como es la destinada
a disimular la desnudez o tosquedad de los muros que no se desean ver
y, en segundo lugar, a la existencia de una sociedad en las que sus ciudadanos
están preocupados por la belleza y por su bienestar.
La realización de los enlucidos y la ejecución de las pinturas
se ajusta en general, a las decoraciones parietales del mundo romano,
las paredes son de tierra apisonada sobre zócalo de mampostería
(Láms. 1 y 2), y sobre este se enlucieron con tres capas23 , la primera
de argamasa de cal y arena de 3-5 cm de grosor y de aspecto rugoso, la
segunda de 2-3 cm de grosor y la última de 1-2 mm depurada con
cal pura y muy alisada, y en algunas ocasiones se le incorpora polvo de
mármol, para facilitar el agarre entre las capas del mortero se
realizaron incisiones en forma de “V”24. Los colores aplicados
al fresco (pared húmeda) son: rojos, ocres, y azul-verdoso y los
colores aplicados al temple (muro seco)son: amarillos, negros, verdes,
rojos, azules y blanco.

Lámina 2: Pared de tierra apisonada sobre zócalo de mampostería.
(ADAM, 1996:237)
1. Estado de conservación
Las pinturas se encontraban desprendidas de los muros,
caídas y altamente fragmentadas, con numerosas faltas estructurales
(Fotografías 2 y 4), presentando numerosas grietas que se agravaban
por diversas roturas, deformaciones y abombamientos de los distintos tipos
de morteros, suciedad generalizada de tierra y barro, presencia de sales
solubles, las cuales, han ido aflorando a la superficie, y de sales insolubles,
que han formado una capa de gran dureza compactada que se ha adherido
a la superficie. El mal estado aconsejaba una intervención de urgencia
para poder mantener la pintura mural en condiciones estables.
La variada causalidad que influye en el proceso de alteración de
un material arqueológico (el substrato edafológico, el contenido
en sales, la acidez del mismo, la humedad, la circulación del agua,
la presión que el peso de los estratos ejerce, los cambios bruscos
de temperatura, la humedad relativa, el proceso de excavación,
etc.), provoca una serie de deterioros característicos de este
tipo de materiales, por variada que sea su composición.
Las pinturas murales que nos ocupan presentaban deterioros propios de
materiales procedentes de excavaciones arqueológicas. Su estado
de conservación, en general, era bastante malo y las patologías
más características presentes son las siguientes:
Alto grado fragmentario, se encontraban altamente fragmentadas e incompletas.
Suciedad superficial generalizada, acumulaciones de depósitos tanto
en el anverso como en el reverso.
Concreciones superficiales generalizadas, las planchas ofrecían
el aspecto propio de pinturas con fuertes concreciones terrosas y carbonataciones25
muy adheridas estas últimas de forma puntual, concentrándose
en los motivos decorativos de los interpaneles, y formando un ligero velo
en el resto de las superficies.
Abrasión superficial, ha supuesto el desgaste de la superficie
arrastrando la película pictórica en estas zonas erosionadas,
principalmente en las zonas realizadas al secco.
Descomposición del mortero, de forma generalizada, ésta,
ha producido en consecuencia, un debilitamiento de las características
mecánicas del mortero y por lo tanto su descohesión material.
Grietas y fisuras, desarrollo puntual de fisuras y grietas a nivel superficial
e interno, como consecuencia del debilitamiento del mortero.
Sales solubles, su ciclo de hidratación y recristalización
ha provocado la descohesión del mortero y de la película
pictórica en determinadas zonas, lo que contribuye a la continua
disgregación de los morteros, y a la pulverulencia, exfoliaciones
y levantamientos de la misma.
Alteraciones cromáticas, debidas a la exposición al sol,
la aparición de microorganismos y elementos vegetales
Deformación plástica, la presión que los estratos
edafológicos y arqueológicos ejercen sobre el material enterrado,
algunas de las planchas de pintura, sufren deformaciones irreversibles,
complicando los trabajos de reconstrucción posteriores.
Pulverulencia de los motivos decorativos realizados al secco, y de las
zonas ocres y rojas.
Pero, a parte de estos deterioros característicos, los fragmentos
presentaban alteraciones debidas a su propia naturaleza material y técnica,
la mala calidad de los morteros ha provocado un alto grado de descomposición
y disgregación, acelerado por las circunstancias ya citadas anteriormente,
además, el hecho de no emplear la técnica al fresco en su
totalidad, ha ocasionado la fragilidad y debilidad de ciertas zonas y
motivos de la película pictórica, que como consecuencia,
y en casos puntuales han llegado a perderse.

Fotografía 2: Placa de pintura mural fragmentada,
agrietada y con roturas. Restos de suciedad: tierra, barro y raíces.
2. Criterios de actuación
La excavación de pinturas murales, requiere destreza, experiencia
y conocimiento de la morfología y características de los
restos, precisamente durante la excavación, extracción y
transporte al laboratorio es cuando más pueden dañarse los
restos. En nuestro caso, teniendo en cuenta el volumen y el mal estado
de conservación de las pinturas a la hora de extraerlas, se tuvo
que diseñar unas técnicas de extracción generales
aplicables a todos los restos de pintura del yacimiento. Estas técnicas
respondían a las siguientes exigencias: por un lado, había
que ser operativo y resolutivo en la excavación para no paralizar
los trabajos; por otro, los tratamientos aplicados en la extracción
y consolidación debían ser reversibles; además debía
de tener previsto un medio de transporte y un lugar adecuado para depositar
las pinturas; y por último, la metodología de la excavación
debía ser muy rigurosa en la recogida del mayor número posible
de documentación (MARINIS, 2002).


Fotografías 3a y 3b : Restos de la pintura mural de la Habitación
7 y 35 en proceso de excavación donde se aprecia el deficiente
estado de conservación.
3. Descripción de las pinturas extraídas.
En líneas generales, las decoraciones de las paredes se dividen
en tres zonas: Una zona inferior, con un zócalo con imitación
marmórea; una zona media con paneles de un solo color enmarcados
en altura y anchura por interpaneles con decoración con diversos
motivos; y una zona superior que presenta una cornisa moldurada.
Habitación 726 , se localiza en la terraza inferior y se accede a
ella a través del atrio, la estancia corresponde a la zona balnear,
los enlucidos son de color blanco propios de las estancias secundarias
y frecuentes en ambientes termales. Entremezcladas con las pinturas de
esta habitación, aparecieron también restos pictóricos
y musivos de otra estancia de un piso superior que se ha numerado como
la habitación 35. (Fotografía 4.a y 4.b).
Habitación 1427, corresponde al peristilo, en torno al cual, se
articula la terraza superior. Destaca la gran cantidad de restos de pintura
mural, entre ellos, los interpaneles negros con motivos de candelabro
figurado que separan paneles anchos con fondo rojo y ocre. La abundancia
de restos es significativa encontrándose en la actualidad más
del 60% del peristilo con pintura caída y desprendida de los muros
(Fotografía 5.a).


Fotografía 4.a: excavación de la habitación 7,
con el proceso de recuperación y extracción de las pinturas
murales de la habitaciones 7 y 35.


Fotografías 5.a y 5b: excavación y engasado de la habitación
14 y pintura mural de la habitación 32.
Habitaciones 24 y 2628,
ambas son corredores comunicados entre sí, que conectan con el
peristilo. Presenta un tipo de decoración de grandes paneles rojos
e interpaneles negros con motivos figurados y geométricos. Estas
pinturas son excepcionales, por el valioso documento que entrañan
en si misma, ya que la mayor parte de la superficie presenta grafitos,
unos realizados con incisiones y otros pintadas de color negro (están
en fase de estudio y análisis por parte del equipo de excavación).
Habitación 3229,
corresponde al pasillo de acceso de la terraza inferior con la superior,
enlucidos blancos con interpaneles con decoración vegetal (Fotografía
5.b), con la recuperación de esta estancia, al menos se tiene completamente
el alzado y la mayor parte de una pared y una parte de otra.
Habitación 3530,
las pinturas son excepcionales por su volumen y su estado de conservación
( fotografías 3.a, 3.b., 4.a y 4.b), la excavación y el
estudio de estas pinturas han llevado a Alicia Fernández Díaz31,
a observar que dos de las paredes iban decoradas en toda su longitud con
el mismo esquema compositivo, basado en una composición tripartita:
1. zona inferior de imitación marmórea a base de moteado;
2. una zona media entre interpaneles amarillos y paneles verdes, y 3.
zona superior sustituida por una zona de estuco.
Las pinturas más significativas por su volumen y calidad pictórica
son las expuestas anteriormente, aparte se han extraído y consolidados
otros restos de pintura de más dependencias, que aún siendo
estos significativos, son de escaso volumen.
III. EXCAVACIÓN, EXTRACCIÓN Y CONSOLIDACIÓN
Los grandes inconvenientes para la recuperación y consolidación
de los restos en las excavaciones arqueológicas se deben principalmente
a la falta de una planificación previa, en “La Quintilla”
la planificación y la coordinación por parte de los distintos
equipos que han intervenido han sido fructíferas y positivas para
la recuperación de una parte de nuestro Patrimonio.
Hasta hace unos años, los restos de pintura mural no se tenían
en consideración, ya que en la mayoría de los casos suponía,
una menor rentabilidad del trabajo unido a un gasto excesivo, en los propios
trabajos arqueológicos, que se realizaban en la mayoría
de los casos sin una planificación previa.
La extracción y consolidación de los restos arqueológicos,
se ha venido denominando “in situ” por los distintos autores
en el campo de la -conservación/restauración- siendo ampliamente
desarrollados por Escudero y Rosello. Estas intervenciones van encaminadas
a la protección de los objetos desde su excavación hasta
su llegada al depósito correspondiente, en este caso el Museo.
La metodología de trabajo utilizada ha sido muy rigurosa y el hecho
de contar con una labor continuada, nos ha permitido marcar las pautas
a seguir a la hora de elegir el tratamiento más idóneo,
dependiendo de cada caso y los procesos de extracción. Los métodos
en que nos hemos basado han sido sistematizados por diversos autores (BERGERON
y REMILLARD, 1991).
Excavación
La excavación de pinturas murales nos obliga a recabar información
exhaustiva, que nos ayuda a la elección de un tipo u otro de actuación,
el cual en todo momento, debe asegurar su óptima conservación,
dando prioridad a la posibilidad de mantenerlas “in situ”.
Si esto no es posible, en último término habrá que
realizar una extracción o arranque y transferencia a un nuevo soporte.
Cuando no se pueden tomar decisiones inmediatas se debe aplicar un tratamiento
de consolidación adecuado y proteger el conjunto. (PHILIPPOT y
MORA, 1969)
En el momento en el que se localicen restos de pintura mural y estos no
hayan sufrido alteraciones ni modificaciones en el transcurso del tiempo,
por ello, que ante la aparición de un derrumbe “in situ”
es primordial que su excavación recopile la máxima información
posible, para ello, debe tomarse una documentación gráfica
exhaustiva consistente en: a). fotografías32
de todo tipo, donde se recoge la posición y relación con
otras placas o fragmentos de pintura y el estado de conservación
de cada placa o fragmento (Fotografías 5 y 6); b). dibujo33
arqueológico de las placas desprendidas, donde se incorporen las
cotas a las que aparecieron los restos y la relación de las mismas
con respecto a las estructuras, en definitiva, su ubicación espacial;
c) reticulado34 y numeración de la superficie de la habitación
para situar las placas o fragmentos sueltos a un lugar determinado y poder
relacionarlos a la hora de abordar los trabajos de restauración.
Además, han de llevarse a cabo trabajos de limpieza35 de tierra la
que este alrededor o encima de las pinturas, esta labor es delicada e
importante, ya que es la base de toda la documentación gráfica
antes descrita y cuya finalidad es analizar la secuencia del derrumbe
y poder proceder a una restitución fiable.

Fotografía 6.a y 6b: proceso de excavación y de recogida
de documentación gráfica de la Habitaciones 7 y 35.
2. Consolidación: protección y fijación
Uno de los problemas que presenta la extracción de restos de
pintura mural reside en el mal estado de conservación de las capas
de preparación (mortero) y en la posición en que aparecen
los fragmentos. La elección del consolidante idóneo, es
importante ya que aporta solidez, consiguiendo la cohesión entre
sus partículas y evitando que se desgranen. Para que la consolidación
sea eficaz tiene que existir compatibilidad entre el adhesivo36
y los materiales a tratar37.
Según su estado de conservación, la compatibilidad dependerá
del tipo de actuación a seguir: puntual y provisional, superficial,
estructural o definitiva (MORENO, 1998). En La Quintilla se establecen
dos tipos de actuaciones en cuanto a protección y fijación:
una, sobre los fragmentos que se iban a extraer, y otra, sobre las superficies
que se van a mantener “in situ”.
A los fragmentos que se iban a extraer se les aplica un fijativo y una
protección de tipo externa (película pictórica) e
interna (mortero), para este fin, se aplicaron resinas acrílicas38
en varias capas muy diluidas donde fue necesario (como en los fragmentos
caídos); por otro lado, en las placas fragmentadas, disgregadas
o con pérdidas y exfoliaciones de la película pictórica,
sus bordes y las fisuras se reforzaron con papel japonés y gasas
de algodón. El tratamiento fue puntual y preventivo, terminando
su restauración en el laboratorio.
En las superficies que se iban a quedar “in situ”39,
se optó por asegurar, reforzar y estabilizar los conjuntos parietales
que no iban a ser arrancados, aplicando resinas acrílicas muy diluidas
en varias capas y engasándolas posteriormente con doble gasa de
algodón y con adhesivo a una concentración mayor.
3. Técnicas de extracción
Las técnicas de extracción están ampliamente difundidas
y existe numerosa bibliografía40 sobre las distintas formas de abordar
las extracciones de materiales arqueológicos. En la villa de “La
Quintilla” tratamos un caso concreto con unas particularidades determinadas,
que de alguna forma se pueden extrapolar a otras intervenciones en yacimientos
arqueológicos, pero los tratamientos aquí descritos son
tan solo una posible alternativa debido a las dificultades que se plantean
cuando aparecen restos de pintura mural.
La actuación se realizó sobre conjuntos de fragmentos que
forman placas y sobre bloques completos de pintura mural y el resto de
los fragmentos murales, recogiéndose a la vez, retícula
por retícula, después de una cuidadosa labor de excavación,
posponiendo cualquier otro tipo de operación de restauración
al laboratorio. Los conjuntos que han sido objeto de actuación
y extracción tenían, algunos de ellos, hasta una potencia
de 1-1’5, m. de superposición, como el caso de las habitaciones
7/35 y 32. Lo más usual, es una potencia de 0’60-0’80,
m. como en las habitaciones 14 y 24/26.
En las excavaciones, los restos parietales se pueden clasificar en dos
tipos (BARBERO, 1997): a). restos parietales caídos sobre el pavimento
o sobre otras pinturas con la decoración hacía abajo; b).
pinturas murales caídas y con la decoración hacía
arriba.
Para las extracciones se han utilizado tres tipos de métodos: A).
engasados; B). bloques y C). camas rígidas. (ESCUDERO y ROSELLO,
1988).
A. Engasado.
Se realiza con las placas con pintura hacia arriba, se protege la superficie
pintada con papel japonés41
y se engasa, sobre éste con dos capas de gasas de algodón42,
que se fija con una resina acrílica; en el caso de los fragmentos
con la pintura hacía abajo, la ventaja es que la pintura esta protegida
y la desventaja, que el mortero de preparación o arriccio se encuentra
en un estado deficiente Se engasa del mismo modo por el reverso, habiendo
reducido previamente el grosor43,
eliminando parte de este mortero y en algunos casos llegando al enlucido
o intonaco, esta regularización de la parte posterior fue inevitable
ya que hacía inviable el levantamiento de estas placas.
Una vez realizada este tratamiento y los productos aplicados estén
secos (tanto en la consolidación como en el engasado) se procede
al levantamiento de las placas con mucho cuidado y ayudándonos
de planchas rígidas44 y de barras de arranque confeccionadas a medida.
El levantamiento se realiza una vez localizadas las placas inferiores
(de pintura) o el estrato que se encuentra debajo, estas se depositan
con la pintura hacía abajo sobre planchas rígidas45

Fotografia 7ª y 7b: Extracción de placas de pintura mural
con la técnica de engasado. Habitación 26
B. Bloques con refuerzo de escayola y de metal.
Las técnicas de bloques con refuerzo son complementarias a las
técnicas de engasado y de planchas rígidas, sirven como
sistemas de refuerzo siendo indispensables para la consolidación.
- El refuerzo de escayola46
es útil para placas de gran tamaño, su objetivo es evitar
que la placa se doble o fracture durante el arranque y el posterior traslado,
muy aconsejable para las placas que se encuentran hacía abajo.
- El refuerzo metálico con la ayuda de varillas metálicas47, sirve como armazón y evitan que la placa se doble o fracture,
es idóneo para las grandes placas que se encuentran hacía
arriba.
C. Plancha Rígida.
Con poliuretano expandido48, compatible con los métodos de engasado
y los tipos de bloques de refuerzo. Su ventaja en el caso que nos ocupa,
es su poco peso, y su gran resistencia y su consistencia. Es muy útil
para el arranque de grandes placas de pintura, aplicándose sobre
el engasado como protección y aislamiento.
4. Embalaje, transporte y almacenamiento.
El objetivo49 de un buen embalaje y almacenamiento es dar la estabilidad
y protección adecuada a cualquier resto arqueológico durante
el transporte y su depósito momentáneo o definitivo para
su conservación en los fondos del Museo.
Los restos de pintura se embalan individualmente por placas y se colocan
en cajas50 de materiales inerte51 que no se deterioran ni causaban daños
a las pinturas, cuando las placas son de gran tamaño se inmovilizan
sobre planchas rígidas. En todos los casos, se etiquetaban aportando
en esta toda la información de la excavación y extracción.
Para el transporte se utiliza un vehículo52 con buena estabilidad
y espacio en su interior para el traslado de este tipo de materiales.
Se escoge con cuidado el lugar de almacenamiento53, de uso exclusivo para
esta finalidad, dotándolo de una instalación de estanterías
donde se colocan las placas de gran tamaño y apilan las cajas.
Este espacio además de almacenar los materiales está para
labores de conservación preventiva y es donde se realizan tratamientos
de restauración.
IV.- TRATAMIENTOS DE CONSERVACIÓN Y DE RESTAURACIÓN
EL CONTEXTO DE LAS PINTURAS ARQUEOLÓGICAS MUSEALIZADAS.
Las pinturas murales de la villa romana de “La Quintilla”
expuestas, pertenecen a la pared oriental de la habitación nº
35, localizada en la terraza superior, sobre la habitación nº
7 (en la terraza inferior). Se carece de información acerca de
la estancia a la que corresponden, a excepción de la que aporta
la propia pintura mural que la decoraba.
El hallazgo de las pinturas se realizó al excavarse la habitación
nº 7, en 1983, los trabajos se suspendieron en 1985 y se retomaron
en 199854,
momento en el que se inicia la extracción y consolidación
de estas55.
El derrumbe de las pinturas de la habitación 35 se situaba sobre
la nº 7, junto con el propio derrumbe de ésta, ocupando casi
la totalidad de su superficie56
y con una potencia estratigráfica de 1´50 m aproximadamente.
El levantamiento del derrumbe comenzó, tras reticular la habitación
en espacios de 1 m2, continuándose los trabajos durante
las campañas de 1999 y 2000; los fragmentos se hallaban altamente
fracturados y superpuestos unos sobre otros de forma aleatoria y en cualquier
dirección, mezclados, según las retículas y zonas,
con los restos de enlucido, pinturas, molduras y mosaicos parietales pertenecientes
a la habitación nº 757.
El trabajo de campo de excavación, extracción y consolidación,
llevado a cabo en aquel momento, ha posibilitado el posterior tratamiento
de restauración y su exposición en el Museo Arqueológico
Municipal de Lorca.

Lámina 3: distintas etapas de la preparación y del acabado
de una pared pintada al fresco. (ADAM, 1996:242)
DESCRIPCIÓN GENERAL DE LAS PINTURAS MUSEALIZADAS
Los fragmentos de pintura mural intervenidos y expuestos comprenden
una superficie total de 3’88 m2 o 1’62 m lineales. Se sitúan
dentro del esquema iconográfico decorativo de la habitación
35 (Lámina 4), concretamente en uno de los interpaneles que componen
la secuencia completa de la pared, en dos de los paneles de color verde,
en el zócalo y en la cornisa moldurada de unión al techo.
El esquema compositivo de la pintura mural de esta se articula en tres
cuerpos, que son, el zócalo, parte inferior de unos 60 cm de altura
aproximadamente; la zona media con una altura de unos 194 cm., formada
por una secuencia de paneles de unos 148 cm, e interpaneles de unos 12
cm. de anchura, (espacios dedicados a albergar la decoración ornamental
de cenefas a base de motivos vegetales, animales, ...); y el cuerpo superior,
formado por una cornisa moldurada de unos 6 cm.
Utilizaron el color verde58 para los paneles; el rojo, para enmarcarlos
paneles; el ocre o amarillo, como fondo de los interpaneles; y el blanco,
para los filetes y remates en bola de las esquinas de los paneles. Esta
misma gama cromática es la que se encuentra en la cenefa decorativa
del interpanel, en la que se alternan los motivos figurados que representan
granadas, pájaros59, y elementos vegetales decorativos. En el zócalo
están presentes de forma aleatoria el color verde, el rojo, y el
amarillo, formando un conjunto moteado a base de estarcido grueso, con
un resultado altamente decorativo.
El procedimiento de ejecución de la pintura es mixto; mediante
la técnica al fresco se realizan los fondos verdes (Lámina
3); para los motivos ornamentales localizados en los interpaneles, el
fondo de estos, las franjas rojas, los interpaneles amarillos, y los filetes
blancos, así como los ornamentos que los decoran, puede que utilizaran,
o bien la técnica al secco, o lo que se denomina técnica
al mezzo fresco60.
La pintura se realizó sobre una estructura preparada de mortero
de cal y arena, trabada mediante un sistema de espiguilla61. Se distinguen
tres capas de arriccio de grosor variable y de características
técnicas pobres. El grosor del árido del mortero va de menor
granulometría en cada capa hasta llegar al intonaco o enlucido,
en la que se distingue claramente el dibujo inciso preparatorio sobre
el que pintaron.
Estilísticamente, el programa ornamental de toda la vivienda constituye
un eco provincial del denominado “estilo florido” de la pintura
mural romana62. Cronológicamente, las pinturas, junto con los mosaicos,
se fechan en el segundo cuarto del s.II d.C.
TRATAMIENTO REALIZADO
Mediante un estudio previo a las labores de intervención llevado
a cabo por un equipo profesional interdisciplinar, en cuanto a criterios
deontológicos, a metodología y a materiales a utilizar,
y mediante el examen organoléptico, físico-químico,
pruebas de solubilidad, la toma de muestras y su análisis en laboratorio63, la
recogida de datos pormenorizada, la documentación fotográfica
y la realización de gráficos, se llegó a un diagnóstico
de las alteraciones presentes y a un análisis de patologías,
que permitió establecer la metodología a seguir para poder
llevar a buen término la “Restauración y Montaje Expositivo
de las Pinturas Murales de la Villa Romana de la Quintilla, Lorca”.
Esta intervención podría dividirse en dos fases, la primera,
referida exclusivamente a los tratamientos aplicados al material original
para su recuperación; y una segunda, referida al montaje expositivo
de los restos ya tratados.
La Restauración de las Pinturas
Los fragmentos se intervinieron en un primer momento para retirar los
productos de depósito acumulados en superficie mediante una primera
limpieza en seco, y posteriormente con una segunda limpieza mecánica,
combinándola en este punto, con medios químicos (fotografía
8.a). Una vez concluida la misma, se realizaron pruebas de consolidación
y fijación por impregnación de la superficie pictórica
mediante la aplicación de una resina acrílica en disolución64
.
Observándose un resultado muy irregular, ya que quedaban zonas
subidas de tono muy diferenciadas, aparecían brillos de forma muy
desigual, llegándose a la conclusión, de que había
que repasar la limpieza que no se había apurado quizás lo
necesario, por mantener el máximo respeto hacia la obra, insistiéndose
del mismo modo. Se retiraron la totalidad de los restos de tierras anaranjadas
que se observaban, los restos de resina acrílica, y los demás
depósitos superficiales, así como los carbonatos apreciables
de forma mecánica. Los velos más inapreciables se rebajaron
sin llegar a la superficie, para evitar un posible descarnamiento superficial
de las zonas tratadas65,y continuación se procedió a su fijación
y consolidación como ya se ha indicado anteriormente.

Fotografía 8: ejemplo del proceso desarrollado con todas las pinturas:
documentación gráfica, proceso de limpieza y pegado.
Una vez terminado este tratamiento, se procedió al desmontaje
del soporte temporal realizado en escayola en la intervención anterior,
utilizándose métodos mecánicos manuales (formones,
tenazas, espátulas y bisturíes); la retirada de estas carcasas
que estructuraban la pintura fue relativamente fácil, en algunos
casos, sin tener que recurrir a proteger las superficies, en otros, sin
embargo, como medida de protección, hubo que empapelar la película
pictórica66 debido al estado fragmentario en el que se encontraba.
Retirados los soportes temporales de escayola, se limpiaron los bordes
de los fragmentos extraídos de cada uno de los bloques, dónde
se había realizado la protección temporal de la superficie,
procediéndose posteriormente a su extracción, a retirar
el empapelado y a continuación, a la limpieza de bordes. En los
casos en los que, debido al alto grado de facturación, la retirada
de la protección podía implicar un riesgo, los bloques se
mantuvieron empapelados hasta su montaje casi definitivo.
A continuación se procedió al rebaje y la consolidación
por impregnación del mortero original. Como ya se ha indicado anteriormente,
el estado de conservación de los morteros era considerablemente
malo, careciendo totalmente de consistencia material y disgregándose
ante cualquier manipulación, ante lo cual, y con el fin de nivelarlos
y aligerar peso para poder realizar adecuadamente el montaje sobre el
nuevo soporte inerte, se rebajaron y se consolidaron67.
La adhesión de los fragmentos extraídos de cada uno de los
bloques intervenidos se realizó con adhesivo nitrocelulósico68
en acetona, aplicado por impregnación. En los casos en que se vio
la conveniencia de mantener la protección temporal, el adhesivo
se aplicó más diluido con pincel por el reverso, dándole
mayor solidez colocando pequeñas bandas de gasa69, como complemento
a este refuerzo, se aplicó gasa del mismo modo en la totalidad
de la superficie de los morteros. Esta medida, aísla el mortero
original del soporte estructurante que se le colocaría a continuación
para poder realizar el montaje de las planchas.
Las deformaciones de las planchas de pintura mural, se corrigieron en
la medida de lo posible mediante la colocación de pesos de forma
progresiva con bolsitas de arena durante el proceso de consolidación
de morteros y adhesión de fragmentos.

Lámina 5: restitución del interpanel restaurado de la habitación
35. Alicia Fernández Díaz.

Fotografía 9A: antes y después de la restauración,
detalles de pájaro, granadas y decoración vegetal.

Fotografía 9b: antes y después de la restauración,
detalles de pájaro, granadas y decoración vegetal.

Fotografía 9C: antes y después de la restauración,
detalles de pájaro, granadas y decoración vegetal.

Fotografía 9d: antes y después de la restauración,
detalles de pájaro, granadas y decoración vegetal.

Fotografía 9e: antes y después de la restauración,
detalles de pájaro, granadas y decoración vegetal.

Fotografía 9f: antes y después de la restauración,
detalles de pájaro, granadas y decoración vegetal.
V.- MONTAJE EXPOSITIVO: La Musealización de las Pinturas
Llegados a este punto, los tratamientos directos sobre las pinturas
para poder conservarlas, habían concluido. Las planchas intervenidas
estaban limpias, consolidadas y protegidas, de forma que se podían
haber guardado en los depósitos del museo, con facilidad para su
estudio; o haberse expuesto en vitrina, siendo fácilmente comprensibles
a un observador especializado, pero difícilmente entendible para
el público en general. Para hacer llegar a este público,
la idea global de lo que sería la decoración pintada de
una de las estancias de la villa de La Quintilla, había que realizar
su montaje, devolviéndole su correcta y máxima legibilidad.
Teniendo claros desde un principio el objetivo a conseguir y la metodología
empleada, la solución definitiva se estuvo elaborando desde que
se decidió iniciar todo el proceso de restauración, consensuando
las opiniones y opciones mas adecuadas aportadas desde los diferentes
puntos de vista que intervenían, teniendo en cuenta en todo momento
la integridad física, material, estética e histórica
de las pinturas, junto con el lugar donde se iban a exponer y el público
que las iba a contemplar.
Así, se llegó a la conclusión de llevar a cabo un
montaje de los restos originales en un conjunto altamente didáctico,
en el que, de forma clara y discernibles las partes originales de los
añadidos, permitiendo al mismo tiempo, la fácil comprensión
de lo que seria una estancia decorada con pintura mural en el mundo romano.
Sin olvidar que el sistema utilizado es de fácil reversibilidad
para poder variar el montaje en el caso de llevarse a cabo una modificación
o ampliación del mismo.
El montaje de la pintura original (gráfico 1)
Con las pinturas ya tratadas y preparadas, se comenzó todo el
proceso que posibilitaría su exposición en el museo. El
montaje desarrollado permite la máxima reversibilidad del método
aunque algunos de los materiales empleados no lo sean, lo importante es,
conseguir elegir y combinar los materiales mas adecuados para evitar reacciones
adversas en el material original, y poder reversibilizar de la forma menos
agresiva lo utilizado en la intervención, en el caso de que fuera
necesario. El montaje debe permitir además, una relativa facilidad
de manipulación y movilidad de la misma, que posibilite su traslado
sin riesgos a otros emplazamientos por motivos justificados, por ello,
a la hora de realizar una intervención de este tipo es imprescindible
recurrir a la utilización de materiales de gran resistencia, pero
de gran ligereza al mismo tiempo70.
Como soporte, se eligió Aerolamb®, material profusamente utilizado
en este tipo de intervenciones71. El material original no puede adherirse
directamente sobre este soporte inerte, por motivos de reversibilidad
y por cuestiones de seguridad, hay que asegurarse de que la pintura original
no se va a desprender de su emplazamiento, por ello, hay que adaptar el
nuevo soporte al mortero original, mediante una serie de estratos, que
aporten la cohesión, agarre y unión necesarios para asegurar
el montaje de las pinturas sin añadir un peso considerable a la
estructura, actuando parte de estos estratos como capa de intervención72.
Se prepararon planchas de poliestireno73
(Cadorite de 10 mm. de grosor), sobre las que se iban a ir colocando posteriormente
los distintos fragmentos de pintura, este material, posibilita la manipulación
de los bloques de pintura sin ningún riesgo para su conservación
a la hora de fijarlos definitivamente, además de ser el material
que, mediante adhesivo74,
se une directamente al nuevo soporte inerte. Las planchas se prepararon
extendiendo sobre una de sus caras o superficies, resina epoxi para adherir
arcilla expandida (Arlita)75,
de esta forma, el estrato formado por este material se convierte en el
necesario elemento de agarre y trabazón del mortero de reposición
para las planchas, por su porosidad, ligereza, textura y por la rugosa
superficie que forman las partículas76.
Entre este estrato de Arlita® y las placas de pintura mural original,
es donde se sitúa la capa de mortero como refuerzo, elemento estructurante
y al mismo tiempo como capa de intervención.
El material de reposición que se utilizó estaba compuesto
por mortero comercial PLM-S77, mármol molido y árido de la
argamasa original retirado.
Una vez terminada esta estructura en cada una de las placas de pintura
mural se procedió a su adhesión al Aerolamb con resina epoxi.
Todo el trabajo anterior facilitó la correcta ubicación
de cada bloque de pintura.

Fotografía 10B: Proceso del montaje de la pinturas originales.

Fotografía 10B: Proceso del montaje de la pinturas originales.

Gráfico 1: Estratos del Montaje en Material Original
El montaje para las lagunas de reintegración (gráfico
2)
Para reintegrar las lagunas materiales, se usaron nuevos materiales
inertes, de alta estabilidad, resistencia, y fácil reversibilidad,
por los motivos anteriormente indicados. En el montaje del material de
reintegración no se incluyo ningún tipo de mortero como
estrato de unión entre el soporte inerte y la reintegración
estética.

Gráfico 2: Estratos del Montaje en Material Reintegrado
Se utilizó como material de reintegración la superposición
de una capa de Cadorite® y sobre ésta, otra de poliestireno
extruido78 de alta densidad unidas ambas con resina epoxi, y las dos del
mismo modo al soporte inerte. Se recortaron para adaptarlas a las faltas
materiales, sobre la ultima capa de Cadorite®, se aplicó una
capa de fino mortero sintético, a base de resina vinílica
y polvo de mármol, ésta última es la que recibió
la película pictórica de reintegración.

Fotografía 11a: Proceso de montaje para las lagunas de reintegración

Fotografía 11b: Proceso de montaje para las lagunas de reintegración
La Reintegración
Esta fase de la intervención se estuvo madurando desde el primer
momento, ya que era difícil llegar a una solución, en la
que se pudiera conjugar el máximo respeto por la obra, y su máxima
función didáctica. Tras realizar numerosas pruebas y consensuar
los resultados, creemos que hemos conseguido lo que se pretendía.
Los añadidos o relleno de las lagunas materiales se han realizado
únicamente sobre el nivel de reintegración y no sobre la
pintura original, no se ha llevado a cabo ningún tratamiento de
este por no considerarlo necesario para su comprensión dentro del
conjunto. En primer lugar, la reintegración material, se realizó
a bajo nivel, con una superficie texturizada levemente, y la reintegración
estética, sobre esta superficie a bajo tono como laguna plana.
Todo el conjunto se montó sobre un bastidor de aluminio para facilitar
su manipulación y sus posibles futuros traslados, evitando complicaciones
debido a los movimientos de cimbreamiento y las vibraciones que podrían
perjudicar el montaje expositivo y el estado de conservación de
las pinturas.
Llegados a este punto, es importante incidir en el control que debe efectuarse
sobre la temperatura y humedad relativa del espacio donde va ir ubicado
el panel, estableciéndose los valores más idóneos
para evitar las variaciones de estos dos parámetros, para evitar
los posible daños que ello podría ocasional.

Fotografía 12a: Montaje expositivo final, detalles del interpanel
y zócalo

Fotografía 12b: Montaje expositivo final, detalle del zócalo

Fotografía 12c: Montaje expositivo final, detalle del interpanel.

Fotografía 12d: Montaje expositivo final, detalles del interpanel

Fotografía 12e: Montaje expositivo final, detalle del zócalo

Fotografía 13: Las pinturas musealizadas en la sala 7, dedicada
a la época romana en el Museo Arqueológico de Lorca.
CONCLUSIÓN
Cada vez con más frecuencia, se llevan a cabo intervenciones
de extracción y restauración de este tipo de pinturas murales,
la importancia de la información arqueológica que aporta
con la recuperación de éstos trabajos, permite su estudio
y contemplación. Es importante difundir las experiencias que se
adquirieren, a pesar de que cada caso, como ya es sabido, presenta problemas
y actuaciones específicas que no se pueden extrapolar a otros casos,
sin embargo, esperamos que la exposición de las labores y trabajos
realizados en los tratamientos de extracción, conservación,
restauración y montaje expositivo de las pinturas murales de la
villa Romana de La Quintilla, pueda ser de utilidad en casos análogos.
Todas las intervenciones expuestas han sido estudiadas y seleccionadas
por un equipo interdisciplinar, teniendo en cuenta los criterios actuales
de conservación-restauración: máxima reversibilidad,
mínima intervención, reconocimiento y respeto por el original
y documentación adecuada; cuidando al máximo la elección
del método, los productos y materiales, con el fin de garantizar
la intervención realizada con el máximo respeto por la integridad
estética, histórica y física de las pinturas.
Con la idea de hacerlo comprensible al público, la propuesta de
musealización realizada se ha planteado teniendo en cuenta la necesidad
de transformar las pinturas de un objeto inmueble en uno mueble, dado
la imposibilidad de montarlo en el propio yacimiento, ya que conservación
“in situ”, de este tipo materiales es imposible presérvalas
del desgaste y mantenerlas en óptimas condiciones, dado que el
yacimiento no se encuentra protegido de las condiciones climático-ambientales.
Podemos decir que el resultado ha sido óptimo, al haber conseguido
conjugar todas estas premisas con la importante labor didáctica
que cumple todo museo. Es importante por lo tanto establecer desde un
primer momento el objetivo que se desea alcanzar para encaminar en esa
dirección todos los esfuerzos del trabajo, marcando así
una clara metodología, criterios de intervención, y productos
a emplear, aunque el propio material y sus necesidades puntuales, van
a determinar siempre las actuaciones a seguir.
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Notas:
1. Queremos dejar constancia de nuestro más sincero
agradecimiento al Museo Arqueológico Municipal de Lorca y a la
Universidad de Murcia y en especial a los directores de las excavaciones
arqueológicas: Sebastián Ramallo Asensio; Andrés
Martínez Rodríguez; Alicia Fernández Díaz
y Juana Ponce García; y a nuestra amiga Victoria Santiago Godos
y a la empresa Arcorest S.Coop. que han participado en los trabajos de
extracción y consolidación y finalmente un cariñoso
saludo a todas las personas que sería interminable enumerar que
en el tiempo transcurrido los trabajos nos han apoyado y alentado.
2. Los equipos de restauración que han participado en las distintas
campañas de excavaciones han sido los siguientes: Campaña
de 1998, extracción de las pinturas de la habitación 7,
dirigido por Victoria Santiago Godos con la participación de Rosa
Plaza Santiago; Campaña 1999, la extracción de las pinturas
de la habitación 7 estuvo a cargo de Rosa Plaza Santiago y la consolidación
de estructuras por Arcorest S. Coop. formando parte del equipo Juan García
Sandoval; Campaña 2000, extracción de las pinturas de las
habitaciones 7, 24, 26, y consolidación de estructuras realizadas
por Arcorest S. Coop. formando parte del equipo Juan García Sandoval;
Campaña 2001 y 2002 extracción de pinturas de las habitaciones
14, 32 y consolidación de estructuras que estuvieron a cargo de
Juan García Sandoval
Se facilita el drenaje para proteger determinadas zonas, de posibles encharcamientos.
3. Remitimos a RAMALLO ASENSIO, S.F.; MARTÍNEZ RODRÍGUEZ,
A.; FERNÁNDEZ DÍAZ, A., PONCE GACRCÍA, J.:(EN PRENSA).
4. Su excavación de forma sistemática y rigurosa comenzó
en 1981, después de llevarse a cabo una campaña de urgencia
en este mismo año por la Universidad de Murcia, dirigida por el
Catedrático de Arqueología Sebastián Ramallo Asensio.
Se interrumpió en 1985, muy acertadamente, debido al hallazgo de
las pinturas murales intervenidas actualmente, que imposibilitaban continuar
con el trabajo de excavación sin el personal profesional cualificado
ni los medios necesarios para extraer las pinturas sin perderlas en este
proceso.
5. Las coordenadas UTM en el punto central de la villa que está
establecido en el centro del peristilo son: 610.630 – 4.171.590,
con una altitud media sobre el nivel del mar de 420-430m.
6. Desafortunadas experiencias en materia de conservación hicieron
que se tomaran directrices en las que se recomendaba con carácter
internacional la conservación de los vestigios del documento redactado
en 1956 en Nueva Delhi, le siguen otros como el Acuerdo Europeo para la
Protección de Patrimonio Cultural, ya en los años ochenta
de la relevancia que tiene la conservación en los yacimientos arqueológicos
y, sobre todo de la búsqueda de soluciones adecuadas. El marco
de actuación en la normativa española aparece encauzado
desde comienzos de siglo a través de la Ley de Excavaciones Arqueológicas
de 1911 o la Ley de Patrimonio Artístico nacional de 1933, que
fomentaron el nacimiento de la infractuctura administrativa de conservación
hacia la conservación del patrimonio Arqueológico que aparece
de forma explícita tanto en la Constitución de 1978, art.
46 y en la Ley 16/85 de Patrimonio Histórico Español que
insiste en la practica arqueológica, tanto si se trata de actuaciones
de campo como de estudio de laboratorio.
7. La villa de La Quintilla está incoada como B.I.C. por resolución
del 14 de julio de 1998 y publicada B.O.R.M. nº 236, pp. 10353-10355.
8. Son de dos tipos, solubles e insolubles. Estas últimas producen
concreciones sobre los restos como pinturas o cerámicas.
9. La presencia de animales bajo el terreno, puede ocasionar movimientos,
orificios y/o separación de las estructuras.
10. El ph del suelo o del terreno es importante por la posibilidad de
corrosión que puede provocar principalmente en metales. El valor
ph de una solución acuosa es el logaritmo cambiado de la concentración
de protones de la solución. Señala su acidez o alcalinidad.
11. Es desolador para los responsables de las colecciones de museos que
han acogido gran número de materiales arqueológicos de diversa
naturaleza hallados en excavaciones, observar que el contenido documental,
estético o simplemente de integridad material en el momento presente
nunca será aquel que pudo haber tenido con una actuación
preventiva continuada desde el momento de sus hallazgos.
12. Hay varios tipos de humedad: a. por capilaridad, es la que invade
los muros antiguos a través de los conductos capilares, b. por
condensación, se producen por diferencias de temperaturas entre
el muro y la humedad ambiental; c. por infiltración, se introduce
por las roturas producidas en el soporte.
13. La humedad relativa del aire es variable. El cambio de este parámetro,
que se produce al pasar del medio físico suelo al medio físico
aire, provoca cambios que producen alteraciones en los restos y especialmente
en los materiales orgánicos.
Pájaros, palomas, murciélagos. Las palomas son particularmente
dañinas por sus defecaciones, que son corrosivas y destruyen la
estructura mineral del material al entrar en contacto.
14. Están en fase de estudio por la doctora Alicia Fernández
Díaz.
15. Los grandes archivos de la pintura mural romana están en Pompeya
y Herculano, sepultados bajo las cenizas y la lava del Vesubio, a raíz
de la erupción del año 79 d. C., esta catástrofe
ocasionó el beneficio indirecto de conservar conjuntos completos
de pintura mural. La conservación de restos conjuntos pictóricos
han permitido establecer precisas cronologías comparativas en otras
provincias del Imperio Romano.
16. Fresco, el principio de este procedimiento consiste en apresar los
pigmentos en el mortero de cal antes de que éste acabe de carbonatar.
Una vez completa este proceso, las partículas del pigmento quedan
incluidas en la estructura química de la ultima película
de mortero. Por consiguiente es imperativo que el pintor disponga de una
capa de enlucido fresco todavía y que realice su aplicación
gráfica rápidamente si quiere garantizar la fijación
de su decoración; es lo que explica Vitruvio cuando escribe: colores
autem, udo tectorio cum dilingerter sunt inducti ideo non remittunt sed
sunt perpetuo permanentes, a saber. “en cuanto a los colores, cuidadosamente
aplicados sobre el enlucido húmedo, no se despegan, sino que quedan
fijos para siempre” (ADAM,1996: 239)
17. Temple, la fijación de los pigmentos se garantizaba mediante
una cola, que podía ser vegetal (goma arábiga) o animal
(clara de huevo), se diluía en agua junto al pigmento, constituyendo
el temple (o tempera). (ADAM, p. 240, 1996)
18. Las decoraciones parietales de la villa están realizadas con
pinturas al fresco y al temple, la diferencia sustancial de ambas técnicas
es el estado del soporte (muro), bien si este se encuentra húmedo
o seco.
19. Abad Casal, L. (1977),”Arte y artistas en la España Romana”,
Bellas Artes, 77, pp. 28 ss. Los muralistas eran artesanos que realizaban
su trabajo, al parecer, sin interés por la posteridad. Se conocen
escasos nombres del mundo romano. Así como los pintores de caballete
fueron privilegiados, los muralistas, artesanos más artistas, tuvieron
menos prestigio y popularidad.
20. Abad Casal, 1982
21. Si seguimos las prescri |